Es lo que hacemos todos: nos lanzamos, y esperamos poder volar. Porque si no es así, caeremos como piedras. Y durante la caída nos preguntamos: ¿se puede saber por qué he saltado? Pero aquí estoy, cayendo. Y sólo hay una persona que puede hacerme creer que vuelo: y eres tú.
lunes, 10 de febrero de 2014
¿Nunca habéis llorado tanto
que vuestros ojos se enrojecen y parece que nunca más se volverán a abrir? ¿Que se os hace un nudo en la garganta, el corazón se encoje y se hace imposible pronunciar ninguna palabra?
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